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"La sabiduria suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen."

William Faulker

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Me gustaría intentar una breve aproximación a la relajación con el fin de que nos podamos plantear que, a lo mejor, vale la pena incluirla como hábito de la vida e incorporarla a nuestra higiene (higiene mental, se entiende) personal diaria. 
Primeramente, deciros que la relajación es la antítesis de la ansiedad y el estrés. No pueden coexistir la relajación física y el estrés mental. Y otra anotación: el hecho de estar permanentemente en tensión no significa que vayamos a resolver mejor los problemas que se nos presenten. Más bien, todo lo contrario.
 
La ansiedad como mecanismo de alerta:
 
La activación fisiológica (corporal) es necesaria para poder funcionar durante todo el día, ya que sin ella no tendríamos tono muscular. Por otra parte, la ansiedad, como mecanismo fisiológico, es la respuesta emocional que nos permite estar alerta y evitar diferentes situaciones peligrosas. Así que este sistema de alerta y activación propio de la ansiedad:
 
·         tiene una función adaptativa al medio,
·         mejora nuestro rendimiento en situaciones de peligro o conflicto,
·         produce una respuesta emocional proporcional a la situación amenazante,
·         no limita la libertad de la persona.

El problema surge cuando esa ansiedad es demasiado elevada o cuando se prolonga en el tiempo. O cuando se da ante situaciones que no suponen realmente riesgos reales. Por tanto, la ansiedad negativa o patológica:

  • dificulta la adaptación al medio,
  • empeora nuestro rendimiento,
  • se acompaña de sensaciones corporales intensas y desagradables,
  • el sentimiento de amenaza y de preocupación es desproporcionado a la situación que lo desencadena, o bien, simplemente es inespecífico y no está ligado a una situación real
  • es una emoción persistente que reduce la libertad de acción de la persona.
{Para pensar: ¿qué tipo de ansiedad es la nuestra?}

La relajación:

La tensión y los estados emocionales se manifiestan a tres niveles: fisiológico, conductual y cognitivo.

1.- Nivel fisiológico (lo que sentimos): taquicardias, respiración rápida, músculos tensos, dolor de cabeza, sudor, dolor de estómago, mareo,…
2.- Nivel conductal (lo que hacemos): inactividad o hiperactividad, lucha, huída, gritos, gestos.
3.- Nivel cognitivo (lo que pensamos): miedo, sensación de malestar, aprehensión, calma, tensión.
 
La relajación hace referencia a la ausencia de tensión en el organismo.

La mente domina todas las funciones del cuerpo.Así, cuando pasamos periodos de estrés pronunciados, el cerebro reacciona y da las órdenes necesarias a nuestros órganos para aguantar la presión a la que nos vemos sometidos.

Es entonces cuando se suelen somatizar enfermedades que pueden ir desde un simple resfriado hasta úlceras, hipertensión, colon irritable, depresiones, etc.

 
¿Qué sucede cuando nos relajamos?

El secreto de la relajación radica en nuestro patrón de ondas cerebrales. Ahora mismo, las neuronas de tu cerebro están funcionando a razón de 21 pulsaciones por segundo. Así debe ser para que estemos conscientes, despiertos y alertas al entorno. A este estado se le llama Beta, u ondas Beta.

Cuando nos dormimos, el cerebro baja el ritmo a razón de 14 a 7 pulsaciones por segundo. A este estado se le llama Alfa, u ondas Alfa. A partir de ahí, según lo profundo de nuestro sueño, podemos entrar en estados Theta (de 7 a 4 pulsaciones).

Al entrar en el estado Alfa, todo el cuerpo se relaja. Aquí está la maravilla de la relajación consciente: mediante sus técnicas, podemos bajar conscientemente al estado Alfa sin dormirnos,y el cuerpo recibe todos los beneficios del sueño reparador.

¡Ojo!:Algunas personas no logran relajarse ni durmiendo: podemos sufrir pesadillas, que aceleran el ritmo cardíaco, o problemas de bruxismo o contracciones musculares.

Así pues, la relajación consciente nos permite descansar y reparar el cuerpo y la mente, a veces más que cuando estamos dormidos.

Beneficios de la relajación:

A nivel mental, la relajación tiene muchísimos beneficios:

  • nos despeja
  • permite que pensemos con mayor claridad (eso nos permite ver más opciones ante un problema)
  • aumenta nuestra creatividad (también a la hora de tomar decisiones)
  • nos ayuda a tener una perspectiva más amplia de una situación compleja.
  • Favorece una mejor toma de decisiones.
  • Nos da sensación de bienestar que puede durar todo el día.

Además, estos beneficios son acumulativos y evolutivos: a más relajación, más tranquilidad. Esto sucede cuando hacemos de la relajación consciente una práctica diaria. Cuanto más practicamos las técnicas de relajación, entraremos más fácil y rápidamente al nivel alfa, y podremos permanecer en él durante más tiempo.

A nivel físico, los beneficios de la relajación consciente, comprobados de forma científica, son:

  1. Disminución de la presión arterial y del ritmo cardíaco.  Se regula la respiración, lo que aporta un mayor nivel de oxígeno al cerebro y a las células en general. Sobre todo, estimula el riego sanguíneo.
  2. Disminución de la tensión muscular.
  3. Se reducen los niveles de secreción de adrenalina y noradrenalina por las glándulas suprarrenales.
  4. Se aumenta la vasodilatación general, lo que trae consigo una mayor oxigenación.
  5. Reducción en los niveles de colesterol y grasas en sangre.
  6. Aumenta el nivel de producción de leucocitos, lo que refuerza el sistema inmunológico.

La mayoría de las personas estamos más pendientes de todo lo que sucede alrededor que de la tensión que hay en nuestro propio cuerpo. Sin embargo, el conocimiento del organismo es el primer paso en la lucha por la reducción del malestar emocional. Además, la relajación ayuda a enfrentarse con éxito a las situaciones de la vida cotidiana.

Pensar sobre los problemas produce tensión en el organismo, lo cual crea, a su vez, la sensación subjetiva de intranquilidad, que provoca pensamientos todavía más ansiosos, cerrándose de esta manera el círculo. 

 
 
 

No se puede escapar de todas las situaciones estresantes (ansiógenas) que hay en nuestra vida ni evitar completamente nuestra respuesta innata a las amenazas, pero sí podemos aprender a contrarrestar nuestras reacciones habituales al estrés, aprendiendo a relajarnos.

 
Mucha de la tensión que hay en nuestro cuerpo no es percibida de forma consciente porque nuestra atención se dirige de forma preferente hacia el exterior.

El siguiente ejercicio aumentará el conocimiento de tu organismo y te ayudará a identificar las áreas de tensión que hay en él.

Tiéndete en una cama o sobre la alfombra y ponte cómoda... Deja los pies muertos que descansen a los lados del cuerpo... Cierra los ojos... Pregúntate a tí misma si estás cómoda... Puede que tengas que cambiar algo en el entorno... Piensa en tu respiración... Siente cómo el aire penetra por la nariz y por la boca, llega a la laringe y baja hasta los pulmones... Concéntrate en tu cuerpo y deja que cada una de sus partes se te haga consciente de forma espontánea...  ¿En qué partes has pensado en primer lugar?... De cuáles tienes menos conciencia... Fíjate en qué partes sientes fácilmente y en cuáles tienes poca sensibilidad... Ahora observa cualquier malestar físico que sientas en este momento... Piensa en él hasta que puedas describirlo con todo detalle... Concéntrate y ve qué ocurre... El malestar puede cambiar... Permite que tu cuerpo haga lo que desee... Continúa así de 5 a 10 minutos... Deja la iniciativa a su cuerpo.
 
Otro posible ejercicio que os propongo:

En el mejor momento del día (cuando estás más tranquil@, cuando sabes que no te van a interrumpir,…) túmbate o siéntate lo más cómodamente posible… cierra los ojos… y céntrate en tu respiración… sólo piensa en tu respiración… cómo entra el aire por la nariz… y cómo lo expulsamos luego por la boca… hasta dejar los pulmones vacíos. Y otra vez, inspiramos… escuchamos nuestro propio sonido al respirar… y expiramos… tranquilamente… sin prisa… este rato es para una misma… Continúa durante 5-10 minutos así, respirando con tranquilidad. ¿Cómo siento mi cuerpo después de esos minutos? ¿Estoy cómoda, más tranquila? ¿Detecto alguna zona del cuerpo algo tensa todavía? Bien, esas zonas serán las que tengamos que trabajar más… pero, ¿Cuál es mi sensación general? ¿Es más o menos placentera? ¿Es una sensación de bienestar? ¿Sí? Pues es una sensación que nosotras mismas creamos…

Conforme vayamos aumentando el grado de conciencia de nuestro propio cuerpo, podremos encontrar, igualmente, el modo de eliminar esa tensión que ya somos capaces de descubrir.

 
La relajación es una habilidad que necesita practicarse.

Hacer relajación dos veces al día en momentos determinados, ayudará a mantener un nivel adecuado de activación, y ayudará también a perder el miedo ante ciertas situaciones.

¡Ojo! Puesto que estamos realizando una tarea nueva, evitaremos realizarla en los momentos más difíciles (al igual que para multiplicar necesitamos primero aprender a sumar, pues aquí también hay que ir paso a paso). Elegiremos los momentos más óptimos, en los que me resulte más fácil centrarme, para conseguir mi “paréntesis diario” de descanso físico y mental.

Desde aquí, os animo a que indaguéis un poco más sobre el tema y trabajéis vuestras propias estrategias de relajación. ¡Hay un montón de opciones!

Fuente: diabetesenlared.blogspot.com.es -01/03/2013

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